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La casa que construyó Felix

Last update: May 21, 2006 - 8:44 PM

Llovía fuerte la noche que Félix partió con su esposa María, hizo camino pasando los puestos del mercado central del pueblo hacia la vieja iglesia de San Pablo, donde se habían casado. Las luces del altar alumbraban a través de la puerta del portal y brillaban en el pavimento empedrado y mojado del patio. Adentro de la iglesia , el Padre Miguel Franco Galicia, le pidió a Dios que protegiera a Félix en el peligroso camino hacia el norte, a Minnesota.

Félix se dio cuenta como otros del pueblo lo hicieron – miles de ellos. Cruzaron la frontera y emprendieron su camino a las ciudades gemelas, donde indocumentados trabajaban en fabricas y bodegas. De Minnesota, enviaron miles de dólares para construir sus casas o para mejorar la vida de sus familias en México.

El enlace económico entre Axochiapan y las ciudades gemelas es parte de una tendencia global.

En los últimos diez años se ha visto una explosión migratoria de países pobres a los Estados Unidos, esto resulta en billones de dólares que salen de los Estados Unidos y que llegan a pueblos pobres como Axochiapan, de casa en casa.

Esa noche lluviosa, Agosto 5, 2004, Félix y María rezaron frente la Virgen María.

Fueron a una taquería para compartir una última cena. Regresaron a su humilde hogar que compartían con los padres de Félix, dos hermanos y una cuñada que cuidaban a su bebe.

Félix tenia 29 años. Él y María tenían dos hijas, ella estaba embarazada de su tercera niña. Él sabía que tenía un 50 % de oportunidad para cruzar bien la frontera, y era una oportunidad, que dice, tenía que tomar. Los trabajos en Axochiapan son pocos, y el trabajo en el negocio de soldadura de la familia, era lento. Con el crecimiento de su familia, deseaban una casa para ellos solos.

Para construir una casa, ellos necesitaban dinero. Dinero Norte Americano.

Félix les dio un beso a sus dos hijas, Lady Diana de ocho años, Guadalupe de tres y los metió a la cama a dormir. Poco después de las cuatro de la mañana, Félix, su hermano Roberto, y su primo Eladio se prepararon para conocer al coyote, que los iba ayudar a cruzar la frontera. María se puso a llorar.

Lady Di y Guadalupe se despertaron y empezaron a llorar. Cuando la camioneta se iba, Guadalupe se agarró de la puerta y jalaba llorando hasta que lo tuvo que dejar. La camioneta con su papá desapareció en la oscuridad.

El Pequeño Minneapolis

Félix no dejó México para encontrar una mejor vida en los Estados Unidos; sino que fue a Minnesota para hacer una vida mejor en Axochiapan. Su plan era ganar dinero en los Estados Unidos, mandárselo a su esposa para construir una casa, y luego – cuando estuviera terminada su casa – regresar a Axochiapan. Marca su tiempo con los recibos de las remisas cada quincena cuando se lo manda a María, $400 en cada envío. Muchos de los que llegan al Norte para ganar dinero se quedan en el Norte. Se estima que 12 millones de inmigrantes indocumentados viven en Estados Unidos.

Al mismo tiempo, estudios muestran que una tercera parte de los que vinieron cada año se regresan a su país. Aunque hay evidencia que la cantidad de inmigrantes que regresan está bajando, es evidente que muchos indocumentados no tienen la intención de vivir permanentemente en los Estados Unidos.

Un alumno, de inmigración de la Universidad de Princeton, Douglas Massey, dice que la inmigración entre México y Estados Unidos siempre ha sido “circular” – llegando y luego regresando. “De todos los Mexicanos que han migrado a los Estados Unidos,” escribe, “la mayoría ahora viven en México.”

El camino de Félix fue como el buen-viajado camino entre las ciudades gemelas y Axochiapan, un pueblo en el sur del estado de Morelos.

Oficiales locales de Axochiapan estiman que cerca de 12,000 personas – una tercera parte de la población oficial de 36,000 – ahora son parte de la población de la comunidad hispana en Minnesota.

“Enlace migratorio” con residentes de un lugar que siguen inmigrantes anteriores a otro lugar, no es nuevo o único, dice Joel Wurl, un experto de inmigración en la Universidad de Minnesota. Conexiones familiares siempre dictan patrones de inmigración.

Muchos han llegado a las ciudades gemelas en la última década, han llegado hasta llamar su pueblo “Pequeño Minneapolis”, o “Little Minneapolis”.

Unos han obtenido estado legal y han compartido en los negocios en la calle Lake en Minneapolis o la Avenida Payne en St. Paul. Muchos más, como Félix, viven indocumentados, con documentos falsos, parte de unos “trabajadores” no tan secretos.

Padre Miguel ha visitado Minneapolis muchas veces para pastorear a sus fieles patriotas. Dice que como el 60 % de la población de Axochiapan reciben remisas de la familia que trabajan en Estados Unidos - la mayoría en Minnesota.

De acuerdo a las agencias de envío, más de cinco millones de dólares llega a Axochiapan de Minneapolis cada mes. Esto es sólo un pequeño porcentaje de los estimados $20 billones en pagos enviados a México de los Estados Unidos estas son las remisas más grandes en el mercado del mundo. Estos números se repiten en el tercer mundo, con dinero saliendo de los Estados Unidos a Europa, y al Medio Oriente para ayudar la economía en las áreas más pobres del mundo.

Se estima que, la explosión migratoria en todo el mundo ha llegado a más de $180 billones al año. Hoy, en todo el mundo, unos 200 millones de personas han migrado a un país extranjero para trabajar, documentados e indocumentados. Como Félix, que arriesgan, durante muchos meses o años, peligros físicos y legales sin sus seres queridos.

La Guitarra Mariachi

Cruzar la frontera, esa noche en Agosto, será el tercer intento hecho por Félix.

Cinco años antes, él y su hermano Roberto cruzaron el desierto para llegar a Arizona. Ellos por poco mueren. La única agua que podían encontrar en el ambiente árido fue un arroyo para el ganado en un rancho. Unos días después fueron arrestados en Phoenix, donde estaban escondidos en una casa con otra docena de personas. El papá de Félix, pagó casi $500 para regresar a sus hijos,. Fue un fracaso para la familia que esperaba ahorrar dinero para comprar una casa. En su segundo intento, un mes después, Félix llegó a Chicago, donde encontró trabajo en una maquiladora. Pero su vida ahí fue difícil. Sólo para llegar a su trabajo tardó horas en llegar en una camioneta, con otros indocumentados. Vivía con una familia que tenían un niño enfermo. Félix, rara vez dormía, pero pudo mandar bastante dinero para poder poner cemento en su casa, en Axochiapan, pero nada más. Se preocupó mucho y regresó a México.

María se preocupaba que estaba tomando.

Su espíritu aumentó cuando habló con su primo Efrén, quien reunió a los trabajadores de Axochiapan en Minneapolis. Efrén mandaba dinero para poder construir la casa de sus padres. El aseguró a Félix que hubo bastante oportunidad en Minnesota. Él le aseguro a Félix que le podía conseguir papeles falsos, un trabajo, y en donde vivir.

Como cualquier negocio, costaba dinero. El coyote cobro $1,600 por cada uno.

Para ayudar a conseguir dinero, el papá de Félix dijo a Félix hijo y a Roberto que vendieran la guitarra Mariachi. Félix le prometió a su padre que le compraría una nueva en Minnesota.

Si no fuera capturado.

“Secuestrado” María y las niñas no oyeron de Félix por una semana. Por fin, cuando llamó, la llamada llego de Phoenix. Félix llegó bien a los Estados Unidos.

Ni él, ni Roberto, ni Eladio hablaban Inglés, ni sabían que les esperaba en Minnesota. Para prepararse para el camino de 2,000 millas, cada uno empacó una bolsa de naranjas, plátanos, cosas para bañarse, y un cambio de ropa.

Habían caminado por tres días y tres noches por arbustos y nopales para entrar a Arizona, Félix le contó a María.

La lluvia fue fría por la noche. Pero a la vez les dio agua preciosa. Tomaban agua de los charcos. “La lluvia fue buena suerte y mala suerte,” dice Félix.

En la oscuridad de la noche, llegaron a una calle. En las últimas 100 yardas corrieron hacia una camioneta que estaba esperándolos. Se subieron y se acostaron en lo bajo de la camioneta. Se quedaron sin mover por unas cinco horas en la ruta a Phoenix.

“Teníamos Miedo,” Félix dijo después. “No sabíamos en donde andábamos.”

Fueron dejados en una casa, en donde se quedaron por tres días, hasta que otra camioneta los llevara a Minneapolis. No descansaron en el camino. Los hombres estaban sucios, desechados y a la vez despertaban sospecha.

Para Félix, “Es como ser secuestrado.”

'Mejor Vida'

En la madrugada de un día en Febrero, las luces del carro de un compañero le hacían sombra a Félix en Minneapolis. Su trabajo en la panadería había terminado.

Entro en la casa en donde vivía y bajo las escaleras del subterráneo. La única luz que alumbraba el cuarto era solo un foco. El aire olía a desinfectante. Cucarachas corrían alrededor de donde se hacia su licuado de plátanos, azúcar, y leche.

En el otro lado de una cortina, Roberto dormía sobre un colchón. La licuadora no lo despertó.

Entre Félix, Roberto, y Eladio pagaban $500 cada mes. Trabajaban en diferentes turnos y horarios, alguien siempre está trabajando o regresando del trabajo, o durmiendo. La ropa estaba colgada en el cuarto y viento caliente viene de una calefacción eléctrica.

Pero Félix a la vez sabe aunque vive en un apartamento pequeño, el disfruta de algo más cómodo, que lo que tiene Maria y sus niñas en México. En Axochiapan, Maria calentaba agua de pila en una estufa de gas debajo del pórtico en la cocina de afuera.

En Minneapolis, Félix tiene cable en su televisión, un equipo de sonido, juego de cocina moderna, incluyendo un lavabo con agua caliente. Cada hora que paso en la panadería, acomodando charolas de pan y empanadas, lo trajo $9 más cercano a una nueva casa.

Para mantener su progreso, Félix guarda los recibos de las remisas en una caja escondido en su closet. El último año y medio a colectado como tres docenas de los recibos verdes, envueltos muy seguros con una liga.

Para Félix, ellos representan esperanza.

En el apartamento, siempre toca la nueva guitarra negra. El y Roberto algún día cuando regresen esperan presentárselo a su padre, para reponer la guitarra mariachi.

A veces, al oír a los niños en la casa de arriba, se acuerda de sus hijas en México -- Lady Di, Guadalupe, y ahora Verónica, que nació después que se había ido.

“Los extraño,” dice Félix. “Pero ellas tienen su madre, y yo les mando dinero. A mis hijas no les hace falta nada, pero a la vez no tienen el amor de su padre.”

Desde lejos, Félix dibuja el plan de su casa nueva: Las niñas tendrán su recamara y un jardín para jugar; María va a tener su cocina dentro de la casa, y Félix va abrir una soldadora afuera al lado de la carretera. “Siempre pienso en el futuro,” él dice.

Eso lo motiva a seguir adelante. Como Efrén y los demás de la comunidad inmigrante Mexicana en Minnesota.

Efrén fue quien le consiguió el trabajo a Félix en la panadería, y los documentos falsos de residencia y número de seguro social que necesitaba. Le costó $120.

En la panadería, todos los que trabajaban con Félix de noche eran Mexicanos, incluyendo su supervisor. Nunca necesitaba hablar Inglés.

De que la panadería sabia de su estado inmigrante no sabía decir: “Ellos saben, pero a la vez no lo saben,” él dice.

Sólo que llegabas a trabajar y no te preguntaban nada.

Una Casa Media Terminada

La casa que construyen Félix y Maria queda en las afueras, a lado de muchos que están construyendo, la mayoría pagado por dinero inmigrante de las ciudades gemelas.

Cuando se fue de Axochiapan, la casa sólo tenía piso de concreto con dinero de Chicago. Ahora, después de casi dos años en Minneapolis, los $12,000 que ha mandado en remesas ha puesto paredes y techo de cemento.

Los trabajadores esperan poner ventanas y puertas al primer piso. Mientras, María vive con sus cuñados en una casa de concreto con piso de tierra.

Allí, en una mañana, la madre de Félix, Martina, se sentó en la cocinita con Verónica, la hija de Félix que tiene 11 meses.

“Nunca ha conocido a su padre,” Martina dice. “Lo va conocer cuando regrese.”

El papá de Félix tomó café. El sabor y olor a chocolate perfumó el aire.

Camionetas con mofles pasaban tirando tierra en donde comen y hacia mucho ruido.

En una pared, como si estuviera cuidando la familia, estaba una estatua de la Virgen de Guadalupe, la santa patriótica de México. Estaba adornada con luces Navideñas.

Maria sólo ha visto a Minnesota en fotos que le manda Félix. En una, se ve Félix parado en la nieve en un lugar en Minneapolis. “Se ve bonito,” ella dice. Lo guarda en un álbum a lado de su cama. Cada semana, Félix llama. Trata de hablar con esperanza. Si no lo detiene la migra y puede aguantar la separación, él piensa quedarse en Minnesota un año mas. Un año tal vez cumple para terminar la casa.

Nuevo Trabajo, Mas Dinero

Félix viaja a Los Gallos cada quincena. La casa de cambio queda a lado de la Agencia de Viajes de Axochiapan en la calle de Lake a lado del lote de coches, tiendas de segunda, y casas de ministerios. Alli, el cambia su cheque del trabajo, manda $400 a María en remisas, y se queda con lo demás.

A veces trabajando turnos de hasta siete o ocho horas cada semana, gana como $360 semanal, como seis veces el promedio de $60 semanal como soldador en México.

“No me quedo con dinero,” él dice. “Todo lo que gano lo mando. Solo me quedo con lo que pago la renta y el mandado.”

El dinero es un tema constante – eso, y el miedo de ser deportado. Un día en Abril, el hermano de Félix, Roberto estuvo en un accidente pequeño de auto en la calle Robert en St. Paul. El que andaba en el otro coche era también un inmigrante. Unos días después los llamó amenazándolos con los oficiales de inmigración si no les daba dinero.

Félix lo ignoró, pero el miedo no pudo ignorar.

Como parte de precaución, Félix cambió de trabajo, en una imprenta. El sospecha que su supervisor sabe de su status inmigrante.

'Una Vida Mejor'

Debajo de la luz de un sol anaranjado y bajando, Maria salió de la camioneta de su suegro cargando a Verónica, quienes ojos y aretes de oro sólo ha visto a Félix en fotos.

Cargó a la niña por la casa de piso de cemento que algún día será su pasillo, el andamio llego al techo, donde Lady Di vio el paisaje. En la distancia, la niña pudo ver Popocatepetl, el volcán de 16,000 pies que domina el horizonte.

La ausencia de su padre ha hecho un vacío en las vidas de las niñas. Lady Di firma sus cartas a él con su nombre entero, como si él lo hubiera olvidado.

María se siente también sola. No ha bautizado a la niña Verónica, porque esta esperando que regrese Félix. Hasta entonces, ella se ha resignado a la soledad como las demás mujeres en un pueblo donde casi todos conocen a alguien en un lugar distante llamado Minnesota.

“Si él estuviera aquí, no tuviéramos esto,” dice María, por la casa en donde un día será la ventana de su recámara. “Aquí es donde, me imagino una vida mejor.”

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